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Higiene

Incluimos una serie de reglas, consejos y advertencias útiles para la seguridad.

En las cuevas, el alpinismo y la práctica de la espeleología, exige un respeto a cierto número de reglas, que favorecerán el éxito y garantizaran una mayor seguridad. Vamos a analizarlas en algunos apartados.

La búsqueda de información. Debemos consultar todas las fuentes de información posible para conocer:

  • Las condiciones de acceso a las cavidades.
  • Posibilidades de llevar a cabo la actividad escogida según las aptitudes de cada uno y del equipo.
  • Conocer las reglamentaciones que rigen para esa actividad en esa zona, estatal, autonómica o local.
  • Los riesgos a los que nos vamos a exponer.
  • Las condiciones meteorológicas a corto y medio plazo.

La condición física. En principio debe ser buena y es deseable la consulta previa a un médico en la medida que nos permite revelar las contraindicaciones según la práctica deportiva imaginada. Es aconsejable una buena preparación y debe ser concebido y practicado un entrenamiento más especifico en función del tipo de actividad espeleológica. Es necesario “preparar” la mente, el cuerpo con sus piernas, rodillas, manos, brazos y codos, espalda, e ir aumentando lo duración del esfuerzo y las dificultades.

Cabe recordar que la capacidad de adaptación a los interiores de las cavernas varía según los individuos y que debe ser progresiva, esto es indispensable para todos y sobre todo para los más jóvenes. La adaptación a las interioridades de la tierra a veces choca con la adaptación a los espacios exteriores abiertos (claustrofobia –agorafobia).

Las técnicas. Cualquier disciplina deportiva demanda la adquisición de un mínimo de técnicas (teoría, practica y material). La mejor manera de adquirirlas ya sabemos cual es entrenamiento y dirigirse a un a escuela o grupo donde nos den las primeras nociones, además de participar en salidas bajo la tutela de expertos y practicantes cualificados.

La mejora de la técnica personal y el entrenamiento garantizan una mejor eficacia, una economía de esfuerzo y un mayor grado de seguridad.

El equipo. Ya hemos reflexionado en otro apartado sobre este particular (ver apartado los equipos), recordemos, hay dos tipos de equipos el individual y el colectivo.

El material debe encontrarse en perfecto estado de limpieza, sin desgastes pronunciados, llevaremos una bolsa con lo necesario para las pequeñas reparaciones inmediatas, un botiquín, medios de señalización, lámparas, bengalas, catadióptricos, silbato, marcas fluorescentes, etc.

Debe estar adaptado a la disciplina practicada y a las condiciones más desfavorables posibles de las cavernas: agua, humedad, temperatura, abrasión, tiempo de exposición, dificultad de los pasos, experiencia, etc... Especial atención merece el sobre o infraequipamiento, pues el peso y volumen aumentan la dificultad y velocidad de marcha, pero sin equipo hay pasos imposibles de ejecutar con una mínima seguridad.

La alimentación. Esta debe estar adaptada a la intensidad y la duración del esfuerzo demandado al organismo. Practicando espeleológica, es necesario beber antes de tener sed y comer antes de tener hambre, de forma frecuente y en pequeñas cantidades.

La orientación. En las cavernas es difícil orientarse, por eso indispensable saber orientarse y conocer en todo momento nuestra posición. Por tanto conviene disponer de un mínimo de herramientas y saber su uso: topografías, brújula, altímetro, clinómetro, requieren un pequeño esfuerzo de aprendizaje pero nos aportaran satisfacciones.

Antes de salir hay que llevar estudiada la cavidad, ver las topografías, fichas de instalación y leer las reseñas de otros que la hayan visto con anterioridad, nos dirán el equipo y material recomendado.

A medida que avanzamos, se debe identificar la ruta, los puntos clave, dejar marcas, para cuando se retroceda escoger el mejor itinerario de escapatoria repliegue o salida.

El estado mental. Es necesario conocerse a sí mismo, ser consciente de las posibilidades y limitaciones personales, abordar las dificultades con humildad y saber renunciar. Conocer el medio y respetar la naturaleza, nuestros hijos lo agradecerán. También debemos informar a los familiares, amigos, compañeros, guardas, hoteleros o servicios de socorro de nuestros proyectos (días, horarios previstos, itinerarios y cavidades).

El riesgo. Ser consciente de la existencia de riesgos es el paso previo que hay que dar para incrementar la seguridad, es la forma que el instinto nos advierte del peligro. Es necesario reflexionar antes de actuar, aplicar los consejos básicos aprendidos. La espeleológica se practica en un contexto difícil. Requiere técnica y experiencia.

Los riesgos de accidente en espeleología son debidos:

  • Crecidas de los ríos subterráneos, que pueden ser brutales en ocasiones.
  • Agotamiento, que puede provocar hipotermia.
  • Caídas de piedras en los pozos, desprendimientos y a tolvas o plataformas inestable.
  • Perdidas por desorientación.
  • y equipo inadecuado o desgastado e inexperiencia personal.

Para evitarlos conviene:

  • Conocer bien los propios limites, los del grupo y no empezar una exploración más allá de las capacidades físicas, técnicas y mentales de cada uno.
  • Informarse previamente sobre el régimen hidráulico de la cavidad y sobre las condiciones meteorológicas. Tenerlo en cuenta antes y durante la progresión.
  • En vistas a una eventual espera forzada, se debe ir provisto de una cantidad suficiente de carburo, pilas, alimentos, mantas isotérmicas y ropa.
  • El acceso a las cuevas y simas es muchas veces difícil en la montaña. La marcha de aproximación comporta los mismos riesgos que el alpinismo y necesita un material, un equipo u una técnica similares.

En la actividad espeleológica no se debe partir a la aventura, hay que evaluar los riesgos. No es necesario hacer las travesías o las simas más difíciles y que comportan un mayor riesgo, estos hay que dejarlos para cuando se haya adquirido el suficiente nivel, o para espeleólogos muy experimentados que aplican las reglas de seguridad extremadamente estrictas.