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Motivación

Somos un grupo de topitos residentes por Astorga, que como otros pocos más del resto del territorio universal, tenemos la afición de la espeleología en sentido amplio y afición a la amistad en sentido estricto. Cientos de espeleólogos españoles nos han precedido y gracias a su afición y su trabajo hoy tenemos unas bases teóricas y técnicas en las que apoyarnos, que han simplificado de manera notable la actividad en el interior de la corteza terrestre.

Como hemos llegado aquí, todavía no lo tenemos claro, lo estamos asimilando, a veces nos sentimos un poco intrusos en este grandioso escenario, una cosa si tenemos clara, a parte de nuestra profesión, somos espeleólogos y adoramos nuestra afición ya que nos parece la más bonita del mundo.

También nos da un sin de satisfacciones e impulsos para superarnos y ser mejores cada día con el resto de los seres existentes. A cada uno lo suyo pues las motivaciones son variadas. El practicante de espeleología se enfrenta a la naturaleza, en ocasiones salvaje y dura, pero también la más sobrecogedora y bella. En las profundidades necesitaremos de infinidad de conocimientos: desde las técnicas, la supervivencia, la alimentación, la orientación, los conocimientos de geología, biología, antropología, etc., que nos permitirán acercarnos a un mundo, a veces vertical, otras estrecho, oscuro, lleno de sorpresas y de maravillas.

El hecho de que algunas cavidades estén reservadas a sólo unos poco y que sea necesario contar con experiencia y entrenamiento para llegar a traspásalos, hace que este deporte tan tradicional se convierta en una sucesión de etapas que mantienen siempre viva la motivación, la emoción y la ilusión. El cuerpo y la mente se limpian con el silencio, la oscuridad y la hermosura de las cuevas.

Decía un sabio espeleólogo: “la luz es mucho mas hermosa cuando se la mira desde el fondo de un agujero negro, y el cielo es mucho más puro cuando se le ve a través de la reja del tragaluz”.