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El Inicio

Nos iniciamos, como otros tantos espeleólogos leoneses, después de ver la maravilla de la Cueva de Valporquero, es nuestro lugar sagrado y al que debemos nuestra afición.

Las cuevas esconden sus secretos bajo miles de toneladas de rocas, necesitas curiosidad, espíritu de aventura, nuestros antepasados se refugiaron en su interior huyendo del frió de las sucesivas glaciaciones. Hace más de 30.000 años el hombre primitivo comenzó a decora las paredes de las cueva con sus pinturas, pero mucho antes aún, cuando el arte ni siquiera había nacido, los primeros homínidos ya buscaban el refugio de la Madre Tierra. En la sima de Atapuerca, en Burgos, hay restos de homínidos arcaicos que vivieron hace 800.000 años, la espeleología es, por tanto una afición que viene de antiguo, aunque entonces, por supuesto no se llamaba así.

Los espeleólogos se adentran bajo tierra provistos de cascos, monos, botas de goma y lámparas, los sistemas de iluminación deben ser eficaces, seguros y variados, pues la luz es la que nos enseña el camino que conduce, a través de túneles y galerías al exterior. Su espíritu de aventura les lleva a recorre lugares que serían de pesadilla para los que sufren claustrofobia, pero también mágicos bosques de estalactitas y estalagmitas que se funden formando columnas, o se pierden en las sombras de los techos de las bóvedas. También se sumergen aguas gélidas o se arrastran por el barro con un único fin: satisfacer la curiosidad que ha hecho posible la evolución del hombre.

La fascinación de lo desconocido, la posibilidad de descubrir algo nuevo o poner el pie donde antes no lo ha puesto nadie, el amor por la aventura y la naturaleza, o la simple curiosidad que caracteriza al ser humano, nos hará legar más lejos, intentar superarnos, investigar y adentrarnos en el fabuloso mundo subterráneo.

Sin embargo, no debemos olvidar que se trata de un medio peligroso que conviene conocer. Es fundamental iniciarse en esta disciplina de la mano de profesionales que nos enseñen lo necesario, las normas, las precauciones y pongan nombre a los tesoros que el agua ha labrado bajo el suelo durante miles de años. También el respeto por el entorno donde se desarrolla la actividad, el medio subterráneo, que es extraordinariamente frágil, es fundamental, así como un importante grado de responsabilidad.

Las cuevas pueden ser lugares de ensueño, donde nuestros ojos se llenan de la fuerza de la naturaleza, donde seremos testigos de sus más fabulosos caprichos. En ellas podemos satisfacer intereses geológicos, químicos, faunísticos, psicológicos, etc.. o podemos quedar atrapados alejados de toda posibilidad de ayuda.